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Es difícil saber
el origen de la costumbre colonial de nombrar padrinos del Niño
Dios en las fiestas de la Natividad y la Epifanía.
Lo que si es indudable es que no podía existir templo o capilla
que contase con la imagen del Niño Dios y que no lo festejase en
ambas ocasiones y el día de la Candelaria.
La costumbre ordenaba que por lo menos tres días antes de la Navidad,
los padrinos se llevaran "el niño" a su casa donde se le colocaba
en el nacimiento, realizando un tributo con el rezo del Rosario
a las 8:00 de la noche, concluido esto se ofrecía a los asistentes
cigarros, bebidas y alimentos.

El día 24 por la mañana se colocaba al niño en una charola de plata
o en una canastilla arreglada exprofeso, hacia las 3:00 de la tarde,
llegaba la música a la casa y comenzaba a interpretar sus melodías,
al anochecer se congregaban los vecinos que acompañarían en la calenda,
los padrinos, para agradecer su presencia les brindaba atole de
leche y tamales.
De acuerdo con la distancia al centro de la ciudad y al templo se
determinaba la hora en que partiría la calenda. Llegado el momento
de partir se distribuyen a los asistentes faroles con los colores
del barrio, silbatos y luces de bengala.
Inicia la calenda, la estrella con el nombre del barrio, los
coheteros, la banda de música, el vecindario con faroles y la madrina
acompañada de San José y la Virgen, ángeles y pastores; dependiendo
de la economía la madrina se traslada a pie o en carro alegórico.
La cita común, era alrededor del Zócalo, al que por costumbre se
tenía que darle tres vueltas y regresar hacia el templo; generalmente
la misa de gallo se celebraba a las 12:00 de la noche, momento en
que todas las campanas de la ciudad repicaban y se quemaban cohetes
y cohetones al unísono. Al terminar la misa la madrina "daba a besar
al niño" en la puerta del templo repartía la colación.
No importaba la presencia de recursos, lo mas importante, era que
toda la ciudad supiera que el niño Dios había tenido padrinos y
calenda.

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