|
El
grito de Dolores, signo de unidad
Por:
Sergio SARMIENTO
Los
mexicanos celebramos año con año la independencia
la noche del 15 y todo el 16 de septiembre. El festejo del 15,
en realidad, no tiene razón histórica de ser.
El cura Hidalgo llamó a la rebelión contra el
régimen virreinal -y no a la Independencia- al amanecer
del 16. No hubo grito en la noche del 15 de 1810.
Sin embargo, desde el comienzo de la vida independiente de México
hubo verbenas populares la noche del 15. Estas eran un preludio
del festejo formal de la Independencia, el cual se llevaba al
cabo, ya con un desfile militar, el día 16. No es verdad
que la fiesta nocturna del 15 haya sido establecida por Porfirio
Díaz, como creen algunos, pero sí se consolidó
durante su régimen, ya que el presidente cumplía
años ese día y buscaba generar una identificación
entre su persona y la República.
La noche del 15 de septiembre, pues, los mexicanos festejamos
un llamamiento a la rebelión que en realidad tuvo lugar
en la mañana del 16. Decimos que es el "día
de la Independencia", pero soslayamos el hecho de que el
cura Hidalgo nunca propuso la separación entre la Nueva
España y la metrópoli colonial. En contraste nos
empeñamos en olvidar el 27 de septiembre. Pero fue en
esta fecha, en el año de 1821, cuando se consumó
realmente la Independencia de nuestro país.
El 27 de septiembre ha sido eliminado del calendario de festejos
patrios oficiales porque se identifica con Agustín de
Iturbide.
Pero fue esta la fecha en que entró a la ciudad de México
el Ejército Trigarante, surgido del abrazo de Acatempan
entre Iturbide y Vicente Guerrero. Sólo entonces se puso
fin al gobierno colonial en nuestro país. Este fue el
momento de la Independencia real. Este fue el momento en que
el país asumió formalmente el nombre de México.
Este fue el momento en que se enarboló por primera vez
la bandera tricolor como símbolo nacional.
En un principio los mexicanos celebrábamos tanto el 16
como el 27 de septiembre: el comienzo y el fin de la guerra
de Independencia. Con el paso del tiempo, sin embargo, se politizaron
las fechas. Los liberales se inclinaron por el festejo del 16
mientras que los conservadores lo hicieron por el del 27.
Cuando los liberales se impusieron sobre los conservadores a
mediados del siglo XIX, privilegiaron la fiesta del 16 y soslayaron
la del 27. Esto no era fácil desde el punto de vista
político, porque el 27 era también la celebración
del Ejército Mexicano. Las fuerzas armadas mexicanas
consideraban su origen en el Ejército Trigarante.
Los mexicanos encuentran siempre cohesión en su festejo
de la Independencia. En 1848, me dice el historiador Alberto
Sarmiento Donate, la celebración tuvo lugar en un ambiente
de enorme tristeza. La ciudad de México acababa de ser
tomada por las tropas estadounidenses. En Palacio Nacional no
ondeaba nuestra familiar bandera tricolor sino el pendón
estadounidense de las barras y las estrellas. Sin embargo, el
pueblo no dejó de celebrar. Había furia contenida
en el festejo, pero también una reafirmación de
nuestra nacionalidad.
Uno de los festejos más significativos, me dice también
Sarmiento Donate, estuvo a cargo de Maximiliano. El fue el primer
gobernante en ir personalmente a Dolores (hoy Dolores Hidalgo)
en Guanajuato para la ceremonia del grito. Esta decisión
le significó un fuerte rechazo de los conservadores que
habían apoyado su llegada al país y buscaban en
el Habsburgo a un gobernante que restableciera la legitimidad
perdida con la Independencia. Con su decisión de celebrar
el grito Maximiliano manifestaba su propia ideología
liberal. Pero ésta no le sirvió para salvar la
vida tras su derrota cuando fue fusilado por órdenes
de Benito Juárez.
El tiempo ha pasado y el festejo se ha vuelto parte integral
de la tradición cultural mexicana. El grito se celebra
en todos los confines del país y en embajadas y consulados
mexicanos en todo el mundo. Lo festejan todos los mexicanos
sin importar su inclinación política y sin recordar
los orígenes del acto. En 1968, Heberto Castillo dio
el grito en la Universidad Nacional. Este 15 por la noche se
dio también en la UNAM tomada por los ultras. Me imagino
que también en la Chiapas zapatista se debe haber realizado
el grito.
Es una ceremonia que nos une a todos. Y eso no deja de tener
un enorme valor en un momento en que la política y la
intolerancia parecen dividirnos de manera irreconciliable.
NACIONALISTAS
Algunos mexicanos piensan que la manera de proteger nuestra
soberanía es manteniendo el control del gobierno sobre
el petróleo, la electricidad o la industria. La verdad
es que, en estos tiempos, la soberanía se defiende con
prosperidad.
Es más independiente un país como Japón,
que ha sabido construir riqueza a pesar de no tener recursos
naturales, que un país como México, que a fuerza
de obstaculizar la inversión ha empobrecido a sus ciudadanos.-
S.S.- México, D.F., 15 de septiembre de 1999.
|