Ernesto Cabrera Valdivieso (Neto) – Nace en Juchitán de Zaragoza Oaxaca 1991.)
Es egresado de la Facultad de Artes Visuales de la UABJO. Originario de la octava sección de Juchitán de Zaragoza, una colonia popular cercana a la violencia, en donde niños con los que jugaba a las canicas terminaron su vida asesinados por el crimen organizado o volviéndose sicarios. Una realidad sumamente violenta entre la que crecen niñas, niños, adolescentes y que en gran medida normaliza el uso de la fuerza en la vida cotidiana.
Como parte de su experiencia profesional, Ernesto ha expuesto en el Centro Cultural Macario Matus, en la Ciudad de México, Museo Municipal de Toluca, Centro Cultural el Ocote en Juchitán, Galería Parroquial de la Villa de Etla, Oaxaca, entre otras.
Naturaleza muerta.
En el patio de mi casa Ernesto me muestra unas fotos de sus cuadros más recientes, explica: “Este cuadro lo pinté por un amigo que mataron”, “Este lo pinté por los desaparecidos de Ayotzinapa”, “Estos somos mis hermanos y yo de niños, mirando a nuestros padres pelear”. Pasamos una tarde hablando sobre la violencia, el tema de esta exposición que hoy se presenta; recordamos nuestra niñez en Juchitán: Los colores, los aromas y todo lo que nos pueda hacer viajar al pasado. Sonreímos al recordar, pero rápidamente regresamos al presente. En los últimos años la violencia en Juchitán se ha disparado hasta colocarnos en el quinto municipio más violento a nivel nacional, los casos por adicción al crystalmeth son cada vez más comunes. Casi a diario se pueden leer las notas de ejecutados en las calles, cabezas abandonadas en las colonias de la periferia y otras cosas más macabras aún. Las redes sociales están inundadas ya de medios digitales amarillistas, cuyo trabajo consiste en mostrar el morbo de la muerte a una sociedad violentada. Este es nuestro presente. ¿Cómo llegamos a esto? Podemos hacer miles de conjeturas y todas ellas tendrán un poco de verdad.
Ernesto Cabrera es originario de Cheguigo, creció en la colonia popular Rodrigo Carrasco, una colonia en la periferia de la ciudad que en los últimos años también ha sido escondite para grupos del crimen organizado. Neto me cuenta la historia de varios amigos suyos que cansados ya de la vida de pobres tomaron un arma y no pudieron volver atrás. “Los terminaron matando”, dice con la mirada clavada en su pecho. No es para menos, quién iba a pensar que un niño con el que jugabas a las canicas iba a terminar siendo un sicario. Estar tan cercano a estas historias indudablemente hizo que Neto abordara la violencia en su obra, en los cuadros se pueden ver las marcas del pincel o la espátula en el óleo: “Yo trabajo de una forma violenta los cuadros para transmitir un sentimiento específico: odio, soledad, desesperación, miedo”. Se puede percibir todo eso cuando uno mira uno de sus cuadros, hay una especie de belleza oscura en ellos, aunque en su paleta de colores utiliza tonos vivos. No es oscuro para no ser obvio.
Como a Ernesto, a muchos nos preocupa en lo que esta ciudad y este país se está convirtiendo, nosotros en medio, viendo como todos nuestros recuerdos se caen a pedazos. Muchos preferimos quedarnos encerrados dentro de nuestras casas, pero lo cierto es que nadie está a salvo de la violencia, cada vez se acerca más y más a nuestras puertas. Lo que Neto nos quiere decir con esta exposición es que en algún momento nosotros vamos a ser protagonistas de la tragedia. Estos cuadros que ahora se muestran tienen una historia, la historia de un amigo que asesinaron, la historia de unos estudiantes que tomaron un camión para ir a una marcha y la policía los desapareció; la historia de una universitaria que tomó un taxi y jamás regresó a casa.
“Espero nunca pintar algo sobre ti”, me dice Neto. Reímos, pero los dos sabemos que todo puede pasar en este país de barbarie en el que vivimos.Michael Matus, Julio 2019.
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